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A casi cualquier persona que se le pregunte, confirmará que en alguna ocasión, ha encontrado un perro aparentemente perdido y desorientado, y es que en nuestro país, los abandonos están a la orden del día (más de 100.000 perros al año).

perro triste

El ciudadano que se encuentra ante una situación de este tipo no suele saber exactamente cómo debe proceder. En las siguientes líneas se explicará resumidamente qué hacer.

Llamar a la Policía
En la actualidad, la práctica totalidad de los ayuntamientos dispone de medios para identificar animales mediante la lectura del microchip. En caso de que la Policía Local no pueda hacerlo, conviene contactar con la Guardia Civil, que se desplazará hasta el lugar que le indiquemos para efectuar el trámite.

Es importante indicar si el perro se encuentra próximo a una carretera, en cuyo caso, ante el riesgo de accidente, le darán más prioridad al asunto.

En ocasiones sucederá que las administraciones se tiren la pelota de un tejado a otro, alegando que se encuentra fuera de su competencia territorial. Al respecto, conviene precisar que la reciente Ley de protección y bienestar de los animales de compañía en Galicia, establece que los ayuntamientos son los responsables de la protección de los animales que se hallen en su término municipal.

Otra pega habitual es la falta de medios para capturar al animal. Si con alimento o cariño se es capaz de aprender al perro, facilitaremos la tarea a las autoridades, evitando que se salgan por la tangente en ese sentido.

Cuando el animal aparezca en una carretera que debiera estar cercada (autopistas, autovías…), el personal laboral que gestiona la propia vía se encargará de gestionar la retirada. A la vista de la dificultad que supone contactar con ellos, lo más apropiado es llamar al 112, indicando la carretera y punto kilométrico aproximado en que se encuentra, y ellos harán la gestión por nosotros.

Identificación
Abordando esta cuestión, hay que resaltar la importancia de que todos los perros estén identificados. Si esto fuese así, sería posible localizar al propietario en la totalidad de los casos.

En Galicia es obligatorio que todos los perros estén identificados durante los primeros tres meses de vida. No hacerlo comporta una infracción grave, con su respectiva multa económica (desde 501 €, hasta 5.000 €).

Lamentablemente, los incumplimientos de esta norma son demasiado abundantes, y ante la imposibilidad de localizar al propietario, aparecen los problemas.

Perro sin dueño y sin chip
La Ley es meridianamente clara al respecto: “Los ayuntamientos recogerán los animales domésticos vagabundos y extraviados que deambulen por su término municipal y los albergarán en centros de recogida de animales abandonados”.

Es responsabilidad de las corporaciones locales hacerse cargo de todos los perros sin dueño que se encuentren en su término municipal. Para el caso de ayuntamientos que no cuenten con servicio de recogida propio, deberán asumirlo mediante convenios con otras administraciones o entidades.

¿Y si hay un accidente?
En caso de que se produzca un accidente, la responsabilidad última del mismo corresponderá (en la mayoría de las ocasiones) al ayuntamiento de turno, puesto que ha obviado hacer frente a su obligación de gestionar la recogida del perro abandonado. Cuando además del accidente, existan llamadas previas alertando de la presencia del animal, la responsabilidad será todavía más fácil de probar. De ahí la importancia del primer paso de este artículo.

La jurisprudencia es abundante en este sentido, haciendo valer la responsabilidad objetiva de la Administración en aquellas comunidades en que, como Galicia, se obliga a los Municipios a hacer frente a la recogida de perros abandonados.

Realidad
Pese a todo lo expuesto, lo cierto es que los ayuntamientos muestran altos niveles de pasotismo. En muchos casos, son las asociaciones protectoras privadas quienes suplen sus funciones, con una financiación tremendamente escasa, costeando sus labores a base de donativos y del propio voluntariado que logran movilizar.

Puesto que la Ley gallega entró en vigor este mismo año, esperemos que la cosa cambie poco a poco. Por lo pronto, ya se aprecian los primeros efectos. A título de ejemplo citaré Vigo, donde ha «aumentado» un 15% el número de perros en los hogares (lo que realmente ha pasado, es que se han registrado muchos perros que antes no lo estaban, por el temor a ser sancionados). Como contrapartida, los abandonos se han visto incrementados con respecto a años anteriores. Son las dos caras de la moneda: el civismo de identificarlo, y la crueldad de abandonarlo.